La memoria enajenada

VENEZUELA | Ayelén Correa – A veces la historia se nos aparece como sucesos repetidos, como permanentes dejabus; no tanto porque la historia se repita lineal y cabalmente como por la continuidad en los protagonistas y elementos esenciales de cada episodio. No obstante, considerar a la historia una repetición permanentes es, además de una simplificación, un error político estratégico. Esa confusión ha llevado a buena parte del arco político, social y cultural a observar y analizar la historia de manera asistemática. Las consecuencias son fatales: o la historia nos agarra fuera de base y no sabemos qué hacer, o repetimos ensayos inútiles que fracasaron en otros períodos.

A propósito de un nuevo recordatorio del Golpe de Estado de 2002 en Venezuela, llamado por muchos y muchas “el Golpe Mediático”, quisiéramos retomar la apreciación del periodista y escritor venezolano, Earle Herrera, sobre la “apropiación mediática de la verdad histórica”. Si en el patrón civilizatorio burgués y occidental los medios de comunicación social son las grandes industrias de promoción, legitimación y deslegitimación de imaginarios, símbolos, culturas y verdades; han monopolizado también la capacidad para contar “la” historia, siempre planteada como unívoca, enajenada de su pueblo, por tanto, de sí misma.

Es que la historia siempre será colectiva, porque la historia de los pueblos no la hacen los historiadores ni los medios de comunicación. Aunque ellos participan en la construcción de memoria no son ni de cerca los creadores privilegiados ni su filtro obligado. Ahora bien, cuando Herrera se refiere a la “apropiación mediática de la verdad histórica”, nos habla de un proceso desigual de posicionamiento mediático y cultural de determinado imaginario social, por parte de un grupo con poder económico para establecer consensos en relación a un momento histórico en particular. Es un proceso desigual porque el bloque de poder económico y simbólico que concentran los medios de comunicación privados en Venezuela, como en otros países hermanos de Nuestra América, es inmensamente mayor a las capacidades técnicas, humanas, financieras y de lobby de los medios de comunicación alternativos y sus redes de organizaciones de base del Poder Popular.

La apropiación simbólica y/o mediática sobre los mensajes, discursos y bienes simbólicos circulantes en la llamada Sociedad de la Información es una categoría e idea relativamente nueva; surge a mediados de los ’80 de la mano de los llamados Estudios Culturales latinoamericanos, y propone que frente a la proliferación de mensajes y culturas en el marco de la globalización, los grupos locales o territoriales se adaptan y vinculan con la cultura dominante de acuerdo a sus propias trayectorias e identidades. La apropiación se convierte así en la capacidad de un grupo de vivir y revivir su historia, es su forma de resistencia frente a lo impuesto por el patrón civilizatorio dominante.

En este contexto, el pueblo venezolano y el gobierno bolivariano se enfrentan al desafío de modificar las relaciones de fuerza en relación al universo simbólico existente, que logró apropiarse una parte de la historia y monopolizar “la verdad”. Es un gran desafío porque no se trata de hacer una verdad igual pero al revés, “nuestra verdad”. Primeramente porque como se mencionó más arriba, el poder económico mediático nos supera ampliamente. Pero sobre todo porque una propuesta revolucionaria no trata de imponer imaginarios sociales, sino de construirlos junto al pueblo. Está pendiente ese encuentro del pueblo venezolano con su historia huérfana, que le pertenece por reivindicación histórica pero también por ciclo vital.

La Ley de Amnistía

En el escenario actual, signado por la aprobación de varias leyes que vulneran derechos del pueblo venezolano, la realidad exige una amplia reflexión nacional pero también y sobre todo: un proceso creativo nacional, desde los territorios comunales hacia las cúpulas de los partidos políticos y los referentes de la burocracia estatal. Hay que reinventar los símbolos y las narrativas (las maneras de contar lo que se es y lo que se hace) para reconstruir nuestra historia robada, enajenada. Creo firmemente que ese proceso creativo no puede estar monopolizado por los medios de comunicación -sean públicos o privados-, tampoco por el aparato político de la comunicación oficial, debe ser una política popular, desde y con el Poder Popular, donde el Estado se involucre responsablemente en esa tarea colectiva y deje de producir centralizadamente “enlatados” a los que hay que “encadenarse”.

¿Hasta qué punto las ciudadanas y ciudadanos de a pié tienen una opinión formada respecto a la Ley de Amnistía para los llamados presos políticos aprobada por la mayoría opositora en la Asamblea Nacional? ¿La Ley de Amnistía se encuentra en el debate público? Más allá de los debates de forma y contenido de la Ley, ¿La mayoría de los venezolanos y venezolanas creen que el tema de la Ley es con ellos? A 14 años del Golpe de Estado de 2002, ¿Qué dice el imaginario social sobre la decena de muertes? A 3 años de la asunción del Presidente Nicolás Maduro y el llamado a “descargar la arrechera” de Capriles Radonski, ¿Qué dice el imaginario social sobre la decena de muertes? A dos años de las guarimbas ¿Qué dice el imaginario social sobre las 43 muertes? He aquí la memoria enajenada, apropiada y robada por el poder mediático. He aquí también el punto de partida para la reconstrucción de la historia, que es de todos y todas y de nadie en particular.

Haciendo memoria

Basta repasar el convulso año 2002 en Venezuela, para observar el cinismo y ansia de poder de los sectores económicos concentrados del país por recuperar el control del Estado. A tres años de mandato del entonces presidente Hugo Chávez Frías -refrendado en 1999 con la flamante Constitución de la República-, aun sin hablar de Socialismo, sin expropiaciones ni Leyes del Poder Popular, la polarización política expresaba con claridad la imperecedera lucha de clases: un vocero de los nadies de Eduardo Galeano, hacía peligrar el confort y la comodidad de los reyes del rentismo petrolero.

Si fueron capaces de inventar ese mundo orweliano en 2002, ¿Qué mentiras maquiavélicas estarán tramando, luego de 14 años?

Repasemos algunas posturas y discursos públicos de 2002, por ejemplo,

  • el Bloque de Prensa Venezolano se sumó al paro y no se publicaron periódicos el 09 de abril de 2002;

  • el Frente Jurídico Nacional exigió la renuncia del Presidente Chávez en una solicitada pública el 13 de abril en el diario El Nacional, si esto no es libertad de expresión, ¿Qué es?

  • La Federación Médica Venezolana en otra solicitada del 13 de abril decía “expresar el más profundo pesar por el derramamiento de sangre y las víctimas de las turbas asesinas del régimen chavista”, pero luego el sector de la salud dice ser objetivo y apolítico;

  • el Banco Universal en una solicitada del 13 de abril también se sumó al paro y declaró descaradamente: “el martes 9, miércoles 10 y jueves 11 cerramos todas nuestras oficinas para seguir, como desde hace 77 años, trabajando por Venezuela. Ahora volvemos a abrir, seguros de que un país sólo puede prosperar en libertad y en democracia, con instituciones sólidas y en un Estado de Derecho. Lamentamos profundamente la pérdida de venezolanos víctimas de la violencia. Agradecemos su paciencia, con la certeza de que la situación política del país tendrá impactos muy favorables en la sociedad venezolana.” El eufemismo de la “Democracia”: cuando derrocan a los gobiernos que no les son afines, no creen en las instituciones pero cuando logran instituir a sus poderes, son acérrimos defensores de ellas.

  • En una solicitada de la misma fecha pero en el diario El Universal, el Consejo Nacional de Promoción de Inversión (CONAPRI), reconoció las “iniciativas empresariales y laboral” y brindó “su apoyo incondicional al presidente Pedro Carmona Estanga”, que no se sometió a elecciones sino que se autoproclamó él mismo como presidente de Venezuela.

  • En una solicitada aparecida en el diario El Nacional también el 13 de abril, un grupo de personas que se proclaman representantes de organizaciones sociales que nunca nombran dice que “la sociedad civil saluda el renacimiento de la República de Venezuela”, desprendiéndose de la identidad nacional bolivariana, establecida en la Constitución de 1999. Además, se autoproclaman como voceros del pueblo, ellos son la “sociedad civil”, para reconocer a Pedro Carmona y al llamado Acuerdo Democrático CTV-FEDECAMARAS, que es una contradicción en sí misma, porque nunca en una Democracia Popular, empresarios y trabajadores/as llegarían a un acuerdo.

  • En el Nacional del 13 de abril del mismo año, la empresa transnacional de telecomunicaciones Telcel publicitaba un servicio especial, llamadas gratuitas: “celebra con toda Venezuela la libertad de llamar donde quieras, larga distancia nacional gratis, para que celebres con tus seres queridos el brillante futuro que nos espera.”

  • Por último, y para diciembre de 2002, el Colegio de Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas, a través de un Comunicado, presentaba un nuevo un síndrome que supuestamente afectaba el Tejido Social de Venezuela: INFOFRENIA, “siendo su principal agente causal, la cantidad de información variada, encontrada, confusa, disonante, la cual intoxica el cerebro. El tratamiento indicado sería la racionalización de la información, su dosificación, alternándola con mensajes relajantes (de amistad, de unión, de afecto, deportes, películas, etc).” Es decir, más cultura occidental y menos espíritu crítico. Y firman con la consigna: “Paciencia en la espera, fuerza en la resistencia”, en una evidente apelación al descontento y la desestabilización social.

Estos son solamente algunos de los adversarios que se enfrenta el pueblo venezolano, que en estos 14 años han sofisticado y diversificado sus formas de desestabilizar a un gobierno y a un pueblo.

Bibliografía: Los documentos del Golpe

Autora: Ayelén Correa

País: Venezuela

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