Arquitectura de un motivo

COLOMBIA | Política | Por: Piedad Córdoba Ruiz * – La semana pasada, Estados Unidos, en un movimiento arbitrario optó por acusar formalmente al presidente de la República Bolivariana de Venezuela de narcoterrorismo, narcotráfico y lavado de dinero.

Una acusación belicosa y malintencionada, que surge en medio de una crisis de salubridad mundial comparable a la gran depresión de 1929, cuyas consecuencias a todo nivel son aún imprevisibles. La última estratagema para abolir el gobierno legítimo del presidente bolivariano y su cúpula cercana, es una pieza más en el entramado norteamericano que tiene a Colombia como principal cómplice.

Al mismo tiempo, hace parte de la histórica manía de Washington de inmiscuirse en nuestra parte del continente, cuando considera que sus intereses económicos están en riesgo o cuando su hegemonía política en la región es cuestionada.


EEUU acusa a venezolano Maduro de narcoterrorismo.
Fuente: Associated Press

Así entonces, el caso de Venezuela tiene ecos recientes en Panamá, país que fue invadido en 1989 por tropas norteamericanas para detener a Noriega, antiguo aliado de la Casa Blanca. Las coincidencias entre la arquitectura del ataque a Panamá y la estrategia actual contra Venezuela pasan por el reconocimiento de Estados Unidos de Juan Guaidó, como también lo hizo entonces con Juan Sosa, embajador panameño a quien el gobierno de Bush señaló de ser la máxima autoridad en el país del canal.

Así mismo, como ahora, Washington fue el principal promotor de sanciones económicas contra el entonces gobierno de Noriega. Medidas que han sido replicadas contra el presidente Nicolás Maduro, quizá incluso con mayor determinación.

El punto de inflexión en el caso panameño fue la muerte confusa de un soldado norteamericano a manos de efectivos del ejército panameño. Ese acto, jamás aclarado, le facilito a Bush padre la excusa para invadir el país vecino. Este elemento, es la pieza que falta en el tema venezolano y es fundamental porque sirve para justificar la acción tanto dentro como fuera de Estados Unidos.

Como se sabe, Washington ha resentido el modelo venezolano, por el solo hecho de no acoplarse al neoliberalismo que ha desangrado y doblegado a la mayoría de países del continente afectando a las clases sociales más vulnerables, destruyendo las industrias y empresas nacionales, fracturando las dinámicas sociales y políticas, con excepción de Cuba, y, ahora Venezuela.

Ese, ha sido el gran pecado de estos países a quienes Estados Unidos ha tratado de manera infructuosa de destruir con sus crueles sanciones económicas. Esta táctica brutal, afecta directamente a la ciudadanía, a la cual asfixia, con el objeto de que, al no tener esperanzas, se someta a las políticas neoliberales de los alfiles locales impuestos por Washington y sus tentáculos.

La reciente maniobra norteamericana, se debe enmarcar en que, por un lado, es un año electoral y Trump, ávido de votos, necesita con urgencia el apoyo de los cubanoamericanos, así como de los venezolanos exiliados, para hacer contra parte a la importante población puertorriqueña que luego del paso del huracán María se reubicó en la Florida, y, que tras el desprecio de la administración actual hacia la isla caribeña de la cual es un estado asociado, ha enfocado su apoyo al demócrata Biden.

Por otra parte, este nuevo capítulo de la trama contra el presidente Nicolás Maduro, puede estar motivada en aprovechar el previsible impacto del Coronavirus en la patria de Bolívar, el precio por el piso del petróleo y su incidencia en la deteriorada economía bolivariana, causada por las agresivas sanciones económicas internacionales, así como, el aislamiento al que ha sido sometido el gobierno bolivariano por parte de sus pares latinoamericanos, con excepción de Cuba y recientemente México y Argentina.

Este panorama, calcula Washington, se completa con la recompensa millonaria para quien cometa por ellos el delito de derrocar al presidente bolivariano, es decir, esperan que miembros de las fuerzas militares bolivarianas, traicionen a su líder, a su constitución y a su país por un puñado de dólares, ese es el talante de la vileza norteamericana.

Ahora, es evidente, que ellos directamente no van a intervenir militarmente en Venezuela, por una parte, porque en este contexto de emergencia sanitaria mundial, de la cual Estados Unidos es uno de los países más golpeados, es imposible que el senado norteamericano apruebe un ataque directo del ejército norteamericano, por otro lado, porque así no estuviera la pandemia, una intervención hacia Venezuela generaría un conflicto que se podría extender en el tiempo, lo cual tendría un impacto económico en la región, lo que no le conviene. Así mismo, tendría que contar con la cooperación de los gobiernos vecinos, sin cuyo apoyo sería muy difícil una invasión.

Finalmente está el asunto geográfico, Venezuela no es Panamá, ni es Granada. Así, que es muy probable que este asunto, no sea otra cosa que una manipulación de Trump para ganar votos.

Sea cual sea el motivo, es obvio que aquí hay un nuevo episodio de intervención arbitraria e ilegal por parte de Estados Unidos hacia Venezuela, un hecho que debe ser repudiado internacionalmente, y del cual Colombia no debe hacer parte, porque el costo a todo nivel sería inmenso. En esa medida, presidente Duque, Colombia tiene suficientes problemas como para estar interfiriendo en los asuntos de otro país.



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